Y las ideas tienen estructura, financiación y actores concretos. En España, ese mapa está desequilibrado. Esta es una propuesta para corregirlo: un instituto de ideas progresista, independiente y conectado a Europa.
Ganar el debate de las ideas es la condición previa para ganar el debate político. Una parte lo sabe desde hace décadas. La otra no tiene con qué competir.
La derecha española entendió hace tiempo que las ideas se producen antes que los votos. La Fundación FAES, creada y presidida por José María Aznar, nació como fundación del Partido Popular y hoy es formalmente independiente. Lleva más de veinte años produciendo análisis, formando cuadros y proyectando influencia, con presupuesto, estructura y red internacional.
El espacio progresista carece de un equivalente. Hay fundaciones de partido, hay centros académicos, hay publicaciones de calidad. Pero no hay un think tank progresista español con la masa crítica, la independencia y la conexión europea necesarias para competir en igualdad de condiciones. Esa ausencia no es un detalle organizativo, es una vulnerabilidad de la democracia española.
«Ideas» lo sitúa en el terreno del pensamiento, no de la acción política directa. «Públicas» ancla ese pensamiento en el interés general, no en el de un partido. Un nombre difícil de caricaturizar.
La independencia real no es equidistancia. Significa que el método determina las conclusiones, y no al revés. Es lo que distingue a un think tank de una fundación de partido.
Un proyecto así recibe ataques previsibles. Conviene tener la respuesta preparada antes de que lleguen.
Seis áreas elegidas por tres razones a la vez: pesan en la vida de la gente, apenas tienen elaboración progresista detrás y encajan con las líneas de financiación europeas. No es una lista cerrada, es un punto de partida.
El estado de nuestras instituciones, la reforma de la justicia, la regulación de las plataformas digitales como infraestructura democrática y la participación ciudadana directa.
Vivienda, reforma del mercado laboral, fiscalidad sobre la riqueza y la automatización, y un modelo energético con su impacto real en la renta de las familias.
La sostenibilidad de la sanidad pública, la calidad de los servicios que sostienen la vida diaria y las nuevas formas de protección social que exige un país que cambia.
El impacto de la IA en el empleo y en la formación, la transición profesional de quien ve su puesto expuesto y qué papel juega el Estado en esa transformación.
Despoblación, reindustrialización estratégica y la diversidad lingüística y cultural entendida como un activo, no como un problema. El área con más acento español.
Infraestructura pública digital, regulación de plataformas y defensa de la democracia frente a la desinformación y la injerencia extranjera en el espacio digital.
El área de inteligencia artificial se plantea como primer encargo: el caso concreto con el que el instituto demostraría cómo trabaja. Puedes verla desarrollada más abajo.
Las ideas que influyen en la política española también se producen en Bruselas, Berlín y París. Estar en esas conversaciones no es prestigio: es la condición para que las propuestas tengan recorrido.
Cada gran democracia europea tiene su laboratorio de ideas progresista conectado a la red continental. España es la excepción llamativa: participa a través de una fundación de partido, pero no tiene una voz propia e independiente en esa red.
En abril de 2026, el acto fundacional de la Global Progressive Mobilisation se celebró en Barcelona. Y aun así, España no tiene un think tank progresista independiente conectado a esa red. Ese es el hueco.
La mejor forma de explicar para qué serviría este instituto es enseñar qué haría con un problema concreto. Y hay pocos tan urgentes, y con tan poca elaboración progresista detrás.
de puestos de trabajo en España podrían verse afectados por la IA en diez años. Pero el dato que importa no es ese: los empleos que desaparecen y los que se crean no piden la misma formación. Y esta vez el impacto se concentra en trabajos de oficina y cualificación media, no en los manuales.
El problema no es que la tecnología avance, es que la mayoría de la gente no tiene forma de convertir ese avance en una oportunidad para su vida laboral. Y quien no puede convertirlo en oportunidad lo vive como amenaza. Una izquierda que solo habla de datos macroeconómicos vuelve a perder aquí el relato: quien teme por su empleo no necesita que le expliquen que el saldo neto será positivo, necesita saber qué va a pasar con el suyo.
Qué ocupaciones concretas están más expuestas, en qué territorios, con qué perfiles.
Un plan de formación y transición profesional que hoy no existe de forma articulada.
Empresas, sindicatos, administraciones y centros de formación, que hoy piensan esto por separado.
El Instituto de Ideas Públicas es hoy una propuesta abierta. No buscamos afiliados ni consumidores de un servicio: buscamos a quien crea que España necesita esta infraestructura intelectual y quiera ayudar a construirla, desde donde esté.